lunes, 31 de enero de 2011

Hora del té

Por Alba Miranda

El mundo sería más maravilloso si las tazas de té no tuvieran fin, como las charlas que las acompañan.  

La hora del té. ©Aligradolls
En un país de América del Sur, el hecho de tomar el té, es más que una tradición, es una costumbre necesaria, que no puede pasar desapercibida y más cuando está acompañada de deliciosas comidas típicas de cada región, llamadas “masitas” y “horneados”.

El país al que hago referencia es Bolivia, el corazón de Sudamérica, donde en la sede de gobierno más alta de Latinoamérica, La Paz, uno puede calentarse con una taza de té o sudarla por la juerte calor en una ciudad con un clima a la cual sólo le falta una playa con un mar: Santa Cruz de la Sierra.

En ambas ciudades  se pueden encontrar salones de té y cafeterías con grupos de mujeres de distintas edades, desde quinceañeras hasta señoras que portan una orgullosa blanca cabellera; algunas van por la charla, las buenas o malas noticias, a jugar cartas o a ser vistas para salir en la sección de Sociales de los periódicos o para que las más jóvenes suban fotos al Facebook.

Cabe resaltar, que cuando uno pide un té, lo más seguro es que le traerán un té negro, con la excepción de que pida otro, como un mate de coca (sirve para aliviar el mal de altura que produce La Paz), un Trimate, compuesto por anís, coca y manzanilla (el té que toda abuela y mamá recomienda tomar cuando duele la panza o el diente) o infusiones de fruta.


Tomar el té puede llegar a ser un ritual de convivencia entre las personas presentes, como si batir el azúcar o la miel, indicaran el inicio de una charla íntima que permite sacar lo que tenemos y seguir adelante. O si no hay con quien compartir el momento, pues nos permite soplar lo caliente del té, saborearlo y seguir con lo que resta del día.

domingo, 30 de enero de 2011

Una mirada a las miradas del vino

Por Gustavo Proal, corresponsal en Europa para Indie Food.

Montpellier, día 4. 

Desde que fui invitado a este evento de los vinos del Sud de France, sabiendo que no soy ninguna autoridad en la materia, entendí que me tocaba hacer lo que mejor sé: echar una mirada a las miradas; las semi ebrias, cansadas, lejanas, coquetas y brillantes miradas detrás de la cultura del vino. 

La mirada franca de un enorme hombre islandés que importa para Noruega y regala confianza a granel. La cándida mirada del irlandés que insiste en la importancia de evitar el esnobismo, recordando que el vino es uno más de muchos productos de la agricultura, que viene de manos campesinas y métodos milenarios. La alborotada mirada de un hombre de la República Checa que mira con pasión a una mujer importadora proveniente de Malasia que, a su vez, parece sonreír todo el tiempo. La mirada infantil de un periodista de Nueva York que tiene siempre un comentario ocurrente y ganas de compartirlo. La mirada de Bonnie que te aborda con miedo, luego cansancio, luego confianza, pues aún siendo joven se ha vuelto aguerrida en apenas cuatro días, tras coordinar al grupo de Estados Unidos. La atenta mirada de un importador irakí siempre serio y distante que contrasta con la despierta mirada de Elodie, quien no ha parado de moverse quizá desde que nació y malabarea problemas con la facilidad de quien se sabe protegida por un equipo entregado. Sonia mira calmadamente mientras el mundo se mueve a un ritmo tremendo, y la tierna mirada de Nelly -una amable traductora del francés al español con la que, curiosamente, compartí unos mojitos en México hace unos meses- hace que me sienta bien, nomás porque sí. 

Los ojitos de Cicerón, un perro harto simpático que se dedica a encontrar trufas, se mueven enloquecidamente como su cola cuando logra su objetivo, quizá porque sabe que será recompensado con un pedazo de queso. 

Aquel músico loco que, durante la cena, canta de todo y hace las veces de disco rayado, mira al público como mirando a sus cuates mientras hace una broma descarada. Las miradas de los importadores se dirigen a mi pecho, sólo para descubrir que porto una poco interesante credencial de prensa. Y mi mirada hace grandes recorridos para poder apreciar todas las miradas.


Son varios los artículos que han de salir de este evento, pues me falta hablar de la visita a la fábrica, a viñedos, de la producción de vinos orgánicos y biodinámicos, de la comida de Sud de France y tanto más. Ya vendrán. Con este post cierro el día a día de la aventura; falta tiempo para saber si el objetivo del evento se ha cumplido o no, aunque el primer paso está dado. Importadores y productores se han sentado a hablar de la posibilidad, del acuerdo, del costo pero sobre todo del vino, el personaje principal de este cuento en el que se suman talentos, experiencias, conocimientos, tecnologías, enología, comercio justo, cultura orgánica y sustentable, grandes y pequeños importadores y productores, todos, trabajando para un fin común: el placer.

Las personas del Sud de France se dedicaron a consentirme desde el minuto uno, haciéndome sentir en casa, haciendo muy difícil la partida. Quiero agradecer especialmente a Elodie le Drean, quien hizo posible mi llegada y dedicó sus tres segundos libres a preguntarme si todo iba bien y platicar un poco, a Laurent Panayoty que dijo que sí a todo, a Bonnie por ser chistosa aunque no quiera y por la traducción en mi entrevista culinaria, y por supuesto a Sonia Augry, quien no me descuidó ni un minuto, me escuchó atentamente y me trató como a un viejo amigo que la visitaba. 

Espero volver a Montpellier muy pronto, pero en vía de mientras, me llevo olores a roble blanco, Mediterráneo y bosque mojado, y gustos que van de lo simple a lo sofisticado que apenas entiendo pero nunca olvidaré. 

sábado, 29 de enero de 2011

El poder del “Monchis”

Por Luza Alvarado  

Miro el reloj, son las dos y media de la mañana. Sigo trabajando en el proyecto que debo entregar mañana temprano. Siento un vacío en el estómago que no puedo descifrar. ¿Hambre, ansiedad, nervios, sed?  Escucho ruidos en la cocina: una envoltura de plástico, la puerta del refrigerador, la de la despensa, líquido vertido adentro de un vaso… Ante el estímulo, mis tripas empiezan a emitir su ruido de engranes viejos diciéndome: “¡Levántate del escritorio y come algo, Nerd! Hace horas que tienes hambre.” De un salto llego a la cocina. 


©Veronica Diago 
Ahí está Tina, mi roomate, comiéndose unas galletas de chocolate con un vaso enorme de leche. Me asomo al bote de la basura y encuentro la caja de Ferrero Rocher… ¡vacía! La saco y se la enseño como si se tratara de un cadáver. Tina me mira con ojitos culposos: “No pude evitarlo, rompí mi dieta. Es que tengo unas ganas ANIMALES de comer chocolate.”  No la juzgo, la entiendo. Al igual que Tina, padezco de los mismos deseos incontenibles de chocolate de vez en cuando.

Analizando los momentos “monchis” de la vida, Tina y yo hemos hecho una minuciosa clasificación de los mismos. A saber:

El sonámbulo: un hambre voraz nos hace levantarnos de la cama, abrimos el refrigerador, le damos una mordida al pedazo de pizza que sobró o nos bebemos un yogurt entero… y todo eso prácticamente a ojos cerrados. (Tina ha amanecido con un paquete –vacío- de galletas junto a la almohada sin recordar cómo llegó dicho envoltorio hasta sus manos).

El ansioso: sin explicación alguna, de pronto nos da una temblorina desde la punta del pie hasta la cabeza, pasando por el tracto digestivo. La sensación se diluye temporalmente cuando tomamos un té y un pan dulce con muuucha mantequilla.

El furioso: ocurre tras un largo periodo de ayuno, casi siempre ocasionado por algo que se atora en nuestra rutina diaria. A ello se suman la azarosa conjunción de calamidades acontecidas en el trayecto a casa. Uno llega convertido en demonio de Tazmania y se come todo lo que encuentra, esté frío, caliente, crudo o cocido. 

El chismoso: estamos con las amigos y no nos para la boca, ni para hablar ni para comer. Consumimos cualquier cantidad de tazas de café, té, refresco, vino, cerveza o lo que convenga a la intensidad de la plática. Para acompañar, una selección de bocadillos dulces y salados, siempre alternando estos sabores para no saturar el gusto.

El evasivo: al grito de “no quiero trabajar, no me interesa la charla, no puedo concentrarme, no me da la gana esto o el otro…” atacamos el refrigerador y la despensa, o salimos a comprar una golosina a la tienda de la esquina en busca de algo para mantener la mandíbula ocupada en lo que nos decidimos a hacer lo que tenemos que hacer.

El consentido: es la comilona reconfortante que responde al pensamiento de “hoy me lo merezco”; una vez liberado “el seguro”, nos damos permiso de probar todos esos platillos que en otras circunstancias serían considerados un pecado, algo ilegal, pero que en momentos de cansancio se convierten en un verdadero premio a nuestro esfuerzo.

Todos tenemos estos momentos monchis, pero lo interesante del atracón es lo que viene después. 

¿No están cansados de escuchar la letanía posmonchis? Esa que va: “¡Oh, no!, me siento gordo, comí mucho, por qué lo hice, qué horror, soy un cerdo, bla bla bla”.  Yo sí, es una reacción aprendida para quedar bien ante los demás y ante nuestro ego, pero no sirve de nada. Si en verdad queremos hacer algo positivo al respecto, en vez de flagelarnos podemos empezar por sentarnos un momentito a reflexionar de dónde vienen esos arranques. Y si no nos causan culpa, ¡hay que disfrutarlos!


Me gusta pensar que la armonía del cuerpo ésta  totalmente conectada con un equilibrio interior. Si uno está en paz consigo mismo, se verá reflejado en un cuerpo sano y armonioso, y ni el monchis más osado puede pervertir esa relación. En esa línea de pensamiento, me declaro partidaria de los monchis;  si ocurren de vez en cuando, son saludables y nos hacen sentir mejor cuando nada más puede hacerlo.
Publicado originalmente en Yahoo! mujer

jueves, 27 de enero de 2011

Los hilos de la marioneta


Por Gustavo Proal, corresponsal en Europa para Indie Food.

Montpellier,  día 3.

Detrás de todo buen evento, se esconde un aspecto menos glamoroso... la logística. Inagotable dosis de adrenalina que suele inducir a sus víctimas una euforia normalmente eficaz.

En mis años como mesero para eventos especiales, viví el detrás de cámaras de bodas, quince años, fiestas políticas, navidades, cumpleaños y cuanta cosa más. De allí, me aventé un imprudente salto hacia el diseño de los eventos que me hizo comprender a golpes lo que implica orquestar desde la perspectiva de adaptación al cambio.

En este Foro Internacional de Negocios de Sud de France, la logística debe incluir a cerca de 200 productores que han de satisfacer las necesidades de un número similar de importadores; prensa, organizadores, distribuidores, programadores, choferes, gente de limpieza, comida, bebida más allá del vino y vaya usted a saber cuántos más personajes que fungen como cimientos del proceder efímero de eventos de esta naturaleza. 


Para que algo de esta magtitud exista, requirió que a alguien o a varios se les ocurriera la idea de poner bajo una sola marca a la mayoría de los distribuidores de una zona específica de Francia. Estos pioneros debieron lograr una estrategia de contagio para unir a quienes producen y lograr un negocio redondo. 

Acto seguido, se requirió una plataforma desde la cuál compartir los productos al mundo de manera eficaz. Para ello, hubo llamadas que pusieron a trabajar a las compañías telefónicas y tal vez, Monique (una simpática francesa con voz dulce que acabo de inventar) consiguió empleo gracias a una creciente demanda de operadoras y pudo así meter a su hijo, el próximo Jean Pierre Jeunet, a la escuela de cine. ¿Qué tiene que ver el futuro del cine francés con la organización Sud de France? ¡Todo! 


Delegar, solucionar, sonreír, sacar borrachos (pasada la degustación, hay quien traga todo lo que no tragó antes), resolver una falla en el sistema que captura las selecciones de los importadores, así tome toda la noche e implique perderse del agradable cocktail que se armonizó con un buen grupo de Jazz, quienes, a su vez, fueron contratados y requirieron de una consola de audio que algún distribuidor llevó y hubo que facturar, para lo cuál al menos dos personas que hacen cuentas muy bien fueron empleadas y pudieron así pagar las escuelas de sus criaturas, quienes serán la futura estrella pop y el futuro presidente de alguna asociación de algo maravilloso para la humanidad, respectivamente. Una agradable mesera podrá comprar aquellos zapatos y al comprarlos, aquel zapatero colocará su marca en más tiendas y esas tiendas tendrán mejores opciones para sus clientes y... debo frenar mi entusiasmo.

Elodie Le Drean, importante anfitriona, (sus chicharrones truenan y es una gran persona), me ha invitado a semejante viaje, al contarme, sin terror ni amargura, la pesadilla logística que hay detrás, misma que puedo ver a través de la piel del evento, como venas saltadas. El efecto mariposa se nota constante, implacable en eventos de esta magnitud. 

Porque el buen servicio, busca y encuentra soluciones con una agradable actitud y un trato siempre personalizado. Si sus vinos son o no los mejores del mundo, no me toca decidirlo, pero la actitud en este evento es intachable. Así, detrás de las cámaras de Sud de France, recordamos que detrás todo buen vino, buena cena, buen momento culinario, hay seres humanos, ineludible y afortunadamente.

miércoles, 26 de enero de 2011

Diez reglas Indie Food

Somos lo que comemos y cómo lo comemos. 


1. Come rico
2. Come real
3. Come fresco
4. Come local
5.
Come con las manos
6. Come de todo
7. Come y comparte
8. Come con tus amigos
9. Come y canta
10. Y a veces, come algo nuevo.

1556 vinos para degustar (y escupir)


Por Gustavo Proal, corresponsal en Europa para Indie Food. 

Montpellier, día 2.

Había que aventurarse a la locura de probar todos los vinos que se pudiera, de preferencia sin tragar, porque tragando, apenas se llega a la segunda mesa con vida.



Se desplegaron 1556 vinos (los conté… o contaré en mis sueños, después de semejante sobredosis) de la región Languedoc-Roussillon que ahora se encuentra en buena parte bajo el Sello Sud de France, marca creada por las autoridades de la región con el fin de promover la comercialización local, nacional e internacional de su producción. Tinto, blanco, espumoso, rosado, dulce... las botellas se extendían en un mar de posibilidades para todos los gustos. 

No me detendré en detalles de cuerpo, notas, acidez y otras particularidades de la cultura del vino, porque eso le corresponde a quien sabe y, por mi parte, todavía no asimilo lo vivido. Mi novato paladar le pidió a mi saturado olfato que le dijera a mi confundida mente que parara en el vino no.34, mientras quienes saben su trabajo continuaban diligentes en sus empresas; porque importa lo que importan, resultaba importantísimo seguir adelante. En el mundo de los importadores, los criterios son tan variados como las necesidades, posibilidades y experiencias de quienes van en busca de un buen producto, o en el mejor de los casos, una sorpresa, un milagro de calidad y grandeza, un elefante blanco seductor, aromático, con sabores frutales y con un maridaje cultural perfecto. 

En medio de esta vorágine y escupitajos refinados (tiene su ciencia), Peter, un importador irlandés, me recuerda que detrás de todo este despliegue hay manos granjeras y obreras, más allá del refinamiento y de toda pretensión, “El vino o te gusta o no, ya después distingues si está o no bien producido, si cumple o no con tal o cuál requisito”, dice, con una firme mirada y una cálida sonrisa. 

Tercer Foro Internacional de Negocios Sud de France.


Pasó mucho más, probé mucho más; hubo buen jazz, canapés, paté, café y crème brûlée pero iré dosificando la información conforme la asimile. Por el momento, baste decir que hoy he aprendido más sobre las personas detrás de la cultura del vino; desde todas latitudes, los importadores piensan en su consumidor y en lograr el mejor trato posible; quienes producen buscan dar a conocer el producto de su esfuerzo, investigación y experiencia; quienes organizan buscan sobrevivir al día sin perder nunca la sonrisa y una excelente actitud; quienes nos alimentan buscan engordarme. Y todos, ya sea someramente o en absoluta entrega, forman parte de un estilo de vida, un engranaje que se lubrica con la historia, costumbres, procesos y minucias de este arte tan añejo como adherente. Hoy hizo un buen día.

martes, 25 de enero de 2011

¡Vinagre!

Fácil y rápido, tips concretos para una cocina limpia.

Económico y ecológico, el vinagre es un buen aliado en la limpieza de la cocina.



Paredes, estufas y platos:
Utiliza vinagre blanco (seguro tienes un poco en la alacena). Moja una esponja en vinagre y pásala sobre las parrillas o platos. Usa otra esponja mojada en agua fría para enjuagar y seca con un paño.

Microondas:  

Disuelve 1/4 de taza de vinagre en medio litro de agua y colócala en un recipiente dentro de el microondas; enciéndelo por cinco minutos a temperatura alta. Después limpia con un trapo húmedo. 


Nota importante: no mezcles el vinagre con cloro, pues se pueden producir gases tóxicos y causar daños a ojos, piel y sistema respiratorio.

*No te pierdas nuestra serie de limpieza sana. Consejos prácticos cada semana para una cocina verde y limpia.

lunes, 24 de enero de 2011

Sur de Francia, aventura eno-humana

Por Gustavo Proal, corresponsal en Europa para Indie Food 

Montpellier, día 1.

He llegado a Montpellier. Me encuentro en el evento de los vinos del Sur de Francia (Forum International d’ Affaires Sud de France). Mi misión, llevarles el lado humano de un evento que tiene puesta su atención en la cercanía entre la naturaleza, la respiración, la conexión de la vid, la vida y las personas detrás de mucho más que una producción importante de vinos, personas detrás de un estilo de vida que se remonta siglos atrás. 

 Montpellier, una de sus calles angostas.

Apenas comienza la experiencia, con unos cuantos canapés que incluyeron un paté de aceituna negra (tapenade), un Pinot Noir corpulento -para invitar al paladar a conocer el terroir que lo ve nacer y crecer-, y buenas pláticas en un ambiente relajado. 


Bocadillos de tapenade,
mariscos y otros productos del
Sur de Francia
Sonia, una de nuestras  anfitrionas, confiesa sentirse emocionada mientras comparte el significado del concepto Sud de France. Parisina de nacimiento, Sonia se enamoró de esta región desde una edad temprana y no ha querido ni podido salir de aquí. Descubrió que hay un estilo de vida que abraza a la vida más allá del estilo, que invita a correr a la costa en verano y probar un delicioso vino de temporada mientras se consumen ostras frescas. 


Me doy cuenta que el objetivo de adentrarse y compartir una experiencia parece más simple: está a la mano, como los vinos delicados, poderosos y aún misteriosos de esta región. Vinos que nacen de la tierra, como la gente, y es la gente que vive para y de la tierra, la que da forma al maridaje perfecto entre estar y saber estar. 


El paladar está inquieto, quedan cuatro días de actividades por delante que, espero, transcurran detenidamente. Todavía hay mucho que degustar.

A punto de ceviche


©Carlos Cohen
A punto de ceviche / About to become ceviche. 

domingo, 23 de enero de 2011

Pam, pam, pam...



Chocolate es el disco debut de Madame Récamier. Aquí te presentamos su primer sencillo: Pam, pam, pam.


No sigas al pie de la letra las recetas de cocina. Crea, experimenta, inventa.

¡Ah! Y no olvides limpiar la cocina cuando acabes.

viernes, 21 de enero de 2011

Economía de vecindario

Por Fabiola Jiménez

¿Qué es el comercio local?, ¿cómo apoyarlo?, ¿porqué es importante apoyarlo? Cuando comencé a hacerme estas preguntas no sabía por dónde empezar: ir a los lugares de comida orgánica me resultaba muy caro, además los establecimientos sustentables estaban lejos de mi colonia y la idea de cocinar en casa no era una realidad compatible con mis horarios de trabajo. 

Comprar local es más simple e importante de lo que parece, si nos gusta quedarnos en casa los domingos y pedir pizza, no tenemos que cambiar nuestras costumbres ni tener nuevas rutinas: podemos pedir pizza.  Simplemente, elijamos pizzerías locales, donde posiblemente nos estará atendiendo el dueño del negocio. No estoy asegurando que será una pizza deliciosa, pero tal vez tengamos suerte y sí lo sea, es un riesgo que vale la pena tomar.



Activar la economía de tu vecindario es abrir los ojos a lo que está a tu alrededor. Esto ayuda a que nuestro dinero caiga en manos de nuestros vecinos y fomenta la existencia de pequeños establecimientos.

Asumir ser Indie o independiente no es tan radical como parece, siempre seremos parte de una comunidad y podemos elegir en qué tipo de comunidad queremos vivir.

Actúa local: ubica los establecimientos de productos o servicios que puedes usar cercanos a tu casa, como panaderías, pizzerías, cafés, papelerías, lavanderías, recauderías y tienditas. Seguramente también hay establecimientos itinerantes como quesadillas, esquites o tamales. Si alguno te interesa, pregunta si tiene servicio a domicilio, de quién es, desde cuándo existe. Involúcrate en la economía de tu barrio.

jueves, 20 de enero de 2011

El postre, 24 horas alrededor del comer-beber al son de...

Según Víctor García 


Y para la tarde ¿Qué tal una fruta? 


Te tomará sólo cinco minutos, ¡Ponle play y sube el volumen de las bocinas! Es temporada de mandarinas, tangerinas y naranjas, seguro tienes una de estas frutas en casa.  Empieza por quitar la cáscara, separa los gajos o exprímelos directamente hacia tu boca. 



Café Central de Viena: tertulia y literatura

©Paz Merino

El arte es la vida, la vida es la vida, pero llevar artísticamente la vida es el arte de la vida.
Peter Altenberg





Por las tardes la música de piano amenizaba a los bebedores de café que lo frecuentaban, los bizcochos y tartas entretenían a sus estómagos. Siglo XX, época de cambios y revolución, él se sentaba y observaba a la sociedad para después plasmarla en papel. 

"Nunca pienso antes sobre mi tema, nunca. Tomo papel y escribo. Incluso escribo el título de modo semejante y espero, haré algo que permanezca en relación con aquel. Uno debe buscar en sí mismo, no forzarse, ser terriblemente libre de ser capaz, volar." Fragmento de carta.

Café Marie Therese:
café con licor de naranja y crema batida
. 
Peter Altenberg, escritor y poeta austriaco, escribió la mayoría de sus obras en el Café Central de Viena. Sin duda, sigue siendo un lugar para la tertulia y la literatura. Pieza clave para la cultura gastronómica de la capital de Austria.



martes, 18 de enero de 2011

La comida, 24 horas alrededor del comer-beber al son de...

Según Víctor García

Sin duda, comer en la ciudad siempre tiene un sazón diferente. ¡La comida es, por definición, un proceso espiritual diario a golpe del fogón!


Soul food- Martina Topley Bird 

Take all the time you need, take all the food you need.

Economía + ecología= Limpieza de la abuela

Por Luza Alvarado


Fácil y rápido, tips concretos para una limpieza menos tóxica.


Insisto en que las abuelas deberían ser llamadas a dar cursos universitarios. Hay cosas súper útiles en la vida que sólo se aprenden con ellas.  Y con esto me refiero a conocimientos domésticos y cotidianos, como limpiar con productos naturales. 

Además de que son más económicos, evitan la aparición de alergias y la intoxicación en los niños y las mascotas. Parecería una exageración, ¿verdad? Quizás no lo sea: la NRDC realizó un estudio con catorce diferentes productos para el hogar, todos de aroma fresco y delicioso, adquiridos en el supermercado. Encontró que en doce de ellos hay químicos (phtalatos) que alteran el nivel de las hormonas en los humanos.

Si queremos mantener el espacio de trabajo o la casa limpia, desinfectada y libre de olores, una opción menos tóxica pueden ser los productos naturales que usaban las abuelas. Además, como usan productos naturales, no dañan al ambiente de la misma forma que lo hacen algunos productos que encontramos en el supermercado. Aunque cabe decir que, últimamente, da gusto ver que en los anaqueles ya hay más de dos marcas confiables, ecológicas y efectivas, que no necesitan mezclarse con otros productos y exigen menos trabajo físico para llegar al objetivo. 

El kit de limpieza “Abuelita” incluye: 

-Levadura: excelente para quitar el cochambre y las manchas de la ropa.
-Vinagre blanco: es un desinfectante y desmanchador muy barato.
-Jugo de limón: desinfecta y corta la grasa.
-Aceite de oliva: bueno para pulir madera y desprender sustancias coloides (pegamento, goma de mascar).
-Agua, el solvente universal.
-Fibra natural, suficientemente rugosa para tallar y suave para no rayar los muebles.
-Guantes de plástico.

Algunos métodos:

1. Destapacaños: el refresco de cola –aunque no lo crean- es muy poderoso, pero sólo para casos leves. Es prefirable mezclar media taza de levadura y media de vinagre. Se cubre la coladera y se deja que los micoorganismos hagan su trabajo.

2. Limpiar el caño de la tarja: verter una vez por semana una olla de agua hirviendo, con jabón o limon, ayuda a despegar el aceite de la tubería.

3. Para el horno: el cochambre pegado en las paredes es como un hueso duro de roer. Aunque confío bastante en los productos “quitacochambre” del supermercado, se puede recurrir a un remedio más natural: hay que rociar polvo de levadura directamente en las paredes del horno, después se añade un poco de agua y de deja reposar toda la noche. Eso sí, a la mañana siguiente hay que ponerse los guantes y tallar con fibra. 

4. Limpiar pisos y ventanas: confieso que no me gusta mucho el olor a vinagre, pero los resultados son sorprendentes, sobre todo en los pisos. Para trapear, mezcla una taza de vinagre con un litro de agua, además de matar germens y quitar olores rancios, las manchas se van casi mágicamente. También se puede aplicar en pisos de Madera, pero hay que quitar el exceso de humedad con un trapo seco. 

Para las ventanas se usa el mismo principio de agua y vinagre, pero si las manchas están muy pegadas, con media cucharada de detergente se soluciona. Y para dejar los vidrios como de concurso, se quitan las gotas restantes con papel periódico.

5. Baño reluciente. Recién me mudé a un nuevo departamento y excuso decirles el estado del azulejo del baño. La receta de mi madre para esos casos indica ponerse unos guantes, rociar unas gotas de ácido muriático o borax directamente sobre el azulejo, y luego tallarlo con un poco de agua y la ayuda de una escoba vieja. Hongos, manchas y malos olores desaparecen al instante.



Artículo originalmente publicado en Yahoo! Mujer.