lunes, 29 de agosto de 2011

Ausencia de nariz

Por Claudia Luna


La ausencia de nariz comenzó después de la cirugía entre los analgésicos y los malestares físicos. Dicen que comer reconforta y ayuda en la enfermedad, pero para mí, en esta ocasión,no es así. Apenas percibo el sabor de algunos alimentos, es como comer en blanco y negro, falta el color en cada bocado. Sé que estoy comiendo una fresa; sin embargo, mi nariz no percibe su olor, mi memoria intenta recordarlo: es inútil. 

©Gizem Sake

Los días se hacen largos y la desesperación los hace más largos. Llevo una semana sin tener contacto alguno con los olores de la cocina. Sin duda alguna, el que más extraño es el de la cebolla a punto de caramelizar. Intento cocinar, pero me doy cuenta de que hacerlo sin olfato, es como cocinar a ciegas. Sé a la perfección la receta del arroz con leche, sé cada paso para prepararlo y cuál es su punto exacto de cocción. Pero sin aromas, todo es más difícil. La paciencia parece agotarse, mis ganas de respirar y olfatear se hacen cada vez más grandes...


Después de tres semanas, mi nariz ha despertado, su primer bostezo lo acompaña el aroma tostado del café. Por fin, llegó la hora de beber el color marrón del café. La ausencia de nariz ha terminado, la vida ha comenzado de nuevo. 

martes, 9 de agosto de 2011

Farfalle with prosciutto and cream

You will need: 

The Geometry of Pasta from Pan Marketing on Vimeo.


The perfect shape+ The pefect sauce= The Geometry of Pasta

Pasta is a simple thing but getting it absolutely right depends as much on choosing the best pasta shape for the sauce as on cooking it properly.

sábado, 6 de agosto de 2011

París

Por Luza Alvarado


Jean Marc, el mesero, me reconoce desde lejos. Entro al café y me saluda por mi nombre. No tiene que preguntarme nada; antes de llegar a la barra coloca un croissant y un espresso con un cuadrito de chocolate amargo a un lado. Bebo el café de un solo trago, como si fuera un golpe de adrenalina para despertar de un sueño. Ahí están los habitués de cada mañana: tres peones, un oficinista, una chica universitaria, una pareja de ancianas. Los miro con cierta nostalgia prematura, es mi último día de trabajo en París.

martes, 2 de agosto de 2011

De los pambazos a las trompas enchiladas

Por Claudia Luna 

En canastas, cajas o sobre el piso, es común ver las orejitas de ratón, gachupines, pancitas y pata de pájaro, por mencionar algunos hongos. Los nombres son de origen popular y algunos fueron asignados por hongueros expertos debido a sus formas complejas y colores.


La tradición micófaga, o comer hongos, y el papel de éstos en nuestra cultura data de épocas prehispánicas. Los hongos no sólo desempeñan funciones alimenticias, sino también farmacológicas y terapéuticas. Son un ingrediente de tradición y sabor para la cocina mexicana.

Hablar de México es hablar de su diversidad en clima y vegetación, por lo que es válido pensar que las etnias que habitaron en el territorio hayan desarrollado distintas estrategias de subsistencia relacionadas a la alimentación. Respecto al consumo de hongos, basta recorrer las zonas boscosas y húmedas para hallarlos debajo de algún pino u oyamel.

Veracruz es líder productor de hongos según el Doctor Guzmán, micólogo investigador con más de cuarenta años de experiencia; señala que de las 140, 000 especies de hongos que existen en México, 20, 000 son de origen veracruzano y chiapaneco. Meztitlán, Hidalgo, produce gran cantidad de hongos debido a los vastos arroyos que alimentan sus tierras. Guerrero, Tabasco, Jalisco y el Estado de México también participan como estados productores.

Sin duda alguna, los hongos forman parte del universo culinario mexicano: además de aportar sabor y tradición, estos organismos pluricelulares nos sorprenden por su capacidad de alimentar y sanar en los fogones de maneras muy versátiles.