miércoles, 13 de junio de 2012

¿El pez grande se come al chico?

Por Inés Saavedra


Algo está sucediendo en el mundo, las cosas se están moviendo: las ideas, la gente, las fronteras, como si de repente ya no estuvieran claros los límites. En la vida como en la cocina las cosas no son totalmente blancas o negras; dulces o amargas, se entremezclan. Son dulces con notas amargas, o saladas con matices acidulados. Así es la vida, y la gente lo sabe.





Me he puesto a pensar en los peces que nadan en el mar y luego se sirven en las mesas. Los que han sido atrapados en redes masivas, los que se pescan en comunidades locales, los que se crían en granjas. Los peces. A veces, nos parecemos tanto a ellos… El cardumen humano se mueve con las corrientes, el pez grande se come al chico y el humano grande también se come al chico en una vorágine que devasta los recursos de este planeta.

La mesa está puesta. El menu que la vida presenta, es un recordatorio constante de que el mundo tiene un ritmo: morir, vivir, migrar, renacer, anochecer, amanecer... Unos mueren para darle vida a otros. Poner atención a los tiempos de la naturaleza, a los cambios de la luz, al movimiento de los cardúmenes de peces, a la velocidad de las ciudades, sólo puede tener una consecuencia: aumentar el respeto por la vida y lograr que la comida (dulce o amarga), sepa infinitamente mejor. 

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