martes 6 de marzo de 2012

Alcachofas rellenas


Receta de Claudia Luna 

Para 4 personas
1 litro de agua
1 limón
Una cucharadita de harina
8 alcachofas
2 dientes de ajo
1 cebolla picada
2 tomates pelados y picados
2 cucharadas de aceite
2 cucharadas de vino tinto
1 cucharada de miel
1 ½ tazas de tofu suave
1 cucharada de perejil
Pimienta
Sal

Hervir una olla el agua, la harina, el jugo del limón y sal al gusto. Pelar las alcachofas y sacar la pulpa con una cuchara. Cuando hierva el agua, agregar las alcachofas y dejar cocer hasta que estén suaves.

Picar finamente los dientes de ajo, la cebolla y los tomates. Calentar el aceite y saltear el ajo y la cebolla, agregar el tomate y dejar cocinar hasta que se haya perdido toda el agua; salpimentar. Incorporar el vino tinto y la miel; dejar reducir.

Picar el perejil finamente y batir con el tofu. Reservar. Rellenar las alcachofas con la mezcla de tomates hasta la mitad y rellenar la otra mitad con el tofu. Calentar en el horno por 10 minutos a 150 ° C. Servir.

lunes 5 de marzo de 2012

Una receta ante una derrota



El espejo suele devolverme una versión tergiversada de mí mismo, en la que lo menos importante es qué hay detrás de la mirada. Esto puede deberse a que desde que era un peque, solía confundir la soledad con el abandono, por uno y mil motivos que por el momento no he de ventilar. Esto, a su vez, debe haber generado en mí una suerte de ansiedad retro; de súbito, estoy enredado en las finísimas y molestas redes del acto reflejo, promotor de la alcahuetería más peligrosa; comer compulsivamente… y este es el tema que me compete, me compite y compromete. 



Respire usted, para quitarse de encima este somero intento de autoanálisis que le acabo de enjaretar y escuche en su mente mi pequeña historia de derrota:

Me levanté de mi cama con mi prominente panza por delante y el sinnúmero de malestares que me atañen, cuando vi pasar como en viñetas el frenesí con el cuál me engullí la noche anterior tres cervezas  y una cantidad obscena de tacos que comía más como castigo que como premio. Desdén, desasosiego, desatino, deseo, despertando en mí con cada golpe de culpa. 

Soy lo que como y cómo como, tratando de ahogar lo que sea que siento cuando me siento sentimental. Todo esto pasa cuando hago de la comida un arma de destrucción masiva. Pero en medio de esta guerra, una bandera de paz se alza con la intención de recordarme que la comida es un placer, y con la medida justa, un privilegio: una calma placebo; cocinar, nada más porque la cocina me calma y me hace sentir un poquito menos abandonado.

Pechuga (de ave orgánica que no haya sufrido tanto) rellena de flor de calabaza bañada en salsa de nopal

*Vegetarianos: pueden sustituir por berenjenas, mmmm....

Soy pésimo para picar ajo pero lo logro y lo sofrío (con muy poco aceite) con la flor de calabaza.

En actitud zen, relleno cada una de las babosas pechugas con el preparado de flor. 

Ah, pero antes, (soy muy desordenado), ya había puesto en la licuadora los nopales con cebolla y un par de dientes de ajo. Si me pongo intrépido, le añado albahaca y unas dos pimientas. 

Eso va a la olla, a fuego lento, y entonces sí, a rellenar las pechugas. Ya rellenadas, las echo sin piedad a la olla. 

Se deja cocinar lo que dura la mitad de un episodio de Two and a Half Men para que no quede babosito y a tragar. 

Luego, si ando de buenas, le doy una asadita a unos champiñones con cebolla y los esparzo desordenadamente alrededor de la pechuga bien bañada por la salsa. 

Sabe de lujo, pesa menos que la culpa y se vuelve una victoria en medio de cientos de derrotas. 

A veces, en medio de los trancazos, es cuando más creativo me pongo.

martes 28 de febrero de 2012

Fractales gastronómicos


 Brócoli romanesco o coliflor romanesca.

Es una flor comestible de la especie Brassica Oleracea, una variante de la coliflor. Cada una de sus ramas crece en forma de un espiral logarítmico y refiere a los fractales, bucles matemáticos que tienden
a formar figuras infinitas. Ingredientes como éste nos recuerdan que la perfección se encuentra en todos los niveles de la naturalezacorresponde a la ciencia desentrañar sus misterios, y a la gastronomía, convertirla en deleite.



lunes 27 de febrero de 2012

Mezcal is as Sexy as the Impressionists


Gustave Caillebotte Les raboteurs de parquet, (Floor Scrapers) 1875
Mezcal makers, 2011

They Say Canned Tomatoes

By Claudia Itzkowich

Having grown up in Mexico, I was surprised when I moved to New York and I discovered that even respectable cooks - and cookbooks! - called for canned tomatoes.


It didn’t take me long to understand that not every latitude is blessed with the bounty of vegetables one can get fresh in Mexico year-round.

But I still admire people like my friend Alba, chef and co-owner of restaurant Bu in Montreal, who follows the Italian way to solve the issue by boiling dozens of kilos of the beautifully ripe tomatoes of the end of the summer and pours the puree, with a few drops of olive oil and a basil leave, in sealed mason jars.




Thanks to such an endeavor, here I am in the dead of winter with her daughter Alice, savoring the most delicious farfalle alla puttanesca, with capers and black olives. As simple as it is perfect.



viernes 24 de febrero de 2012

Mezcal

Real men, making real drinks / Hombres reales, haciendo bebidas reales.

@Oaxaca, México

A Very Montreal Birthday Party



In case I haven’t stressed it enough: Montrealers are blessed with the number of amazing artisanal bakeries. Take my place, in the corner of Fairmount and Montreal: within 2 blocks in 4 directions I can shop at places like Guillaume (specialized in sourdough bread), Cérise sur le Gâteau (Croissants) or Fairmount Bagels, the legendary place where you can get hot bagels covered with sesame and baked in a wood fire oven 24 hours a day. Which is why I volunteered to bring all of the above to my Godson Eitan’s 1-year old birthday party.


His parents had already baked the cake: a Chocolate-Lemon Cream art piece signed Pierre Hermé, which in this case included a “mini me” version for Eitan alone: that is the tradition in Quebec, apparently. And Eitan got two very creamy items -which, as far as he was concerned, didn’t need to be edible- to explore with his hands and share with every molecule of his outfit. And the floor.