viernes, 5 de noviembre de 2010

Sin miedo al vino

Texto de Luza Alvarado
Fotografías cortesía de Santo Tomás

...el tiempo en que la felicidad se construía a partir del consumo de objetos está por terminar; lo que buscamos hoy son experiencias.




Haz el experimento. Sugiere beber vino en una comilona cotidiana, en una verbena popular, en una fonda a medio día, en un puesto callejero de tacos. ¿Notas en los que te rodean una especie de solemnidad, como si hablaras con términos de física cuántica? Entonces estás en América Latina.


Entre tanta agua de frutas, licores, cervezas y refrescos azucarados, el vino parece tener pocas oportunidades para convertirse en un acompañamiento cotidiano. Si a ello sumamos que, durante muchos siglos, el vino fue una bebida reservada para la élite, menos. Lo que más llama la atención es que hoy en día hay quien se esmera en mantenerlo así, como un elemento más de diferenciación social ligada al estatus y el esnobismo. ¿Cómo? De muchas maneras, entre ellas, la manera en que se habla del vino, como si fuese una cuestión de especialistas o de alta cultura.

La buena noticia es que cada día disminuye el número de "conocedores" (se caracterizan por hablar en puntos Parker, añadas, tecnicismos) y aumenta la cantidad -y la calidad- de curiosos dispuestos a desmentir las puntuaciones y cuestionar los precios para crear una jerga propia, que va desde lo irreverente a lo didáctico, con la finalidad de ya no describir un producto (el vino), sino una experiencia (el momento, los amigos, el lugar, la comida, la música, el vino, la atmósfera). Porque el tiempo en que la felicidad se construía a partir del consumo de objetos está por terminar; lo que buscamos hoy son experiencias.

El experimento

Hace un par de semanas, fuimos invitados a participar en un evento en Acapulco de Bodega Santo Tomás, una de las vinícolas más antiguas de México. Lo vivido sólo confirma que el vino es una experiencia y hay que entrarle sin prejuicios.

A través de varios maridajes en distintos lugares, horarios y ambientes, tuvimos la oportunidad de apreciar las diferentes calidades de vino que existen, desde los jóvenes y económicos hasta los premium. Probamos, por ejemplo, el mismo sauvignon blanc en dos momentos distintos. Un paladar más entrenado podría descubrir que se trataba de un sauvignon blanc, pero difícilmente podría decir que se trataba del mismo vino. Después, en tres momentos distintos y con diferentes platillos nos sirvieron colombard. Ocurrió lo mismo que con el sauvignon blanc. Por último, en la presentación de Único, nos sorprendió encontrarnos con una experiencia muy distinta a la que habíamos tenido hace algunos meses, con el mismo vino, en una comida de negocios en la ciudad de México. Y es que el vino es un ser vivo, se comporta orgánicamente y, por ende, la experiencia nunca es la misma.









De los vinos...

Si el que pasea sus ojos sobre estas líneas es un lector especializado, no espere encontrar aquí información técnica que describa cada uno de los vinos de Santo Tomás. (Les recomendamos, visitar el sitio de la bodega o el portal Buenavida) Simplemente, diremos que son vinos con garantía, que han sido cultivados, fermentados, embotellados y envejecidos para expresar con contundencia lo mejor de cada varietal.

En resumen, los comensales necesitamos experimentar más con el vino, tanto en lo cotidiano como en lo festivo, sin poner cara de solemnidad. La utilidad de los puntajes o los tecnicismos es que brindan una guía o nos dan suficiente confianza para experimentar con el vino una y otra vez, pero no son la última palabra.

1 comentario:

  1. Muchos sommeliers que conozco, compañeros de mi generación, me han dicho que en realidad el mejor vino es el que a uno le guste. Y nada más. Yo estoy de acuerdo con ellos.

    Por cierto, corríjeme si me equivoco, pero ¿que no es más común el consumo del vino en países de América Latina como Chile y Argentina? Me da la impresión de que para ellos el vino no es tan distante a la cotidianeidad como para nosotros los mexicanos...

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