jueves, 17 de noviembre de 2011

La historia de un sorbo

Por Adriana Chávez

Irrumpe. Sabor denso. Detona, revienta.Toma la temperatura de mi boca. Entra en cada rincón. Paladar, lengua y papilas ¡Explota! Sigue recorriendo. Inunda y expande. Sube a mi nariz reconstruyendo aromas que viajan en imágenes. Puedo sentir una brisa envolviendo mi rostro. Tengo los ojos cerrados. El sonido del lugar está desapareciendo mientras sigo saboreando el líquido que aún juguetea en mi boca. Cambiando una y otra vez. Arranca y fragmenta un instante en miles de sabores. No quiero abrir los ojos, un parpadeo eternizado o un sorbo atemporal.
Por fin abro los ojos mientras suelto un pequeño suspiro que apenas puede ser notado. Frente a mí están todos; el mesero, que mira distraído a otra mesa; mi acompañante que no ha soltado mi mano desde que nos sentamos a la mesa. Los comensales comienzan a dibujarse de nuevo en mi horizonte. Capto que sólo fueron segundos los que deje esta realidad y me hice huracán de sensaciones.

¡Qué exquisito vino!- exclamo-,Vuelvo a cerrar los ojos para seguir explorando con un sorbo más, pero ahora mi parpadeo está acompañado de una ligera exaltación que va en aumento.

Y no puedo más que apretar la mano que sostiene la mía y decir: " Prueba conmigo este vino…"

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