martes, 24 de mayo de 2011

El mundo en una taza



Aquí una breve guía para degustar la bebida milenaria que sigue conquistando al mundo.

Cuenta la leyenda que en China, en el año 200 antes de nuestra era, el emperador Shen Nung paseaba por sus jardines mientras tomaba agua caliente. La suave brisa de la tarde hizo caer en su taza una hoja de Camellia sinensis. El líquido se perfumó delicadamente, transformando la manera en que el emperador, y el resto de la humanidad, tomarían esta infusión para siempre.
Todos los tés provienen de la misma planta, Camellia sinesis; sin embargo, las diferencias entre uno y otro radican en el tipo de hojas que se eligen y la manera de procesarlas. Así, las hojas de Camellia pueden convertirse en té blanco, verde, oolong o negro; también pueden aromatizarse con especias o flores, e incluso mezclarse con hojas de otras regiones, como es el caso del famoso English breakfast que lleva hojas de Ceilán, Assam y Kenia.
Té blanco
Durante la dinastía T’ang sólo el emperador tenía derecho a disfrutar de esta bebida. El té blanco se obtiene a partir de las hojas más tiernas de la planta, aquéllas que contienen la mayor cantidad de antioxidantes y defensas químicas.
Para optimizar sus cualidades y evitar cualquier maltrato, las hojas se recolectan en las fincas de té a mano y después se procesan rápidamente a fin de que no se oxiden. Su sabor es sutil y elegante. En boca se percibe sedoso y con un final dulce. A la vista, la infusión debe ser dorada y de gran claridad.
Té verde
Las hojas que se utilizan para el té verde son jóvenes y prácticamente no se dejan marchitar, sino que se procesan estando aún frescas. Los tés verdes chinos usualmente llevan un rápido hervor antes de empacarse, mientras que los tés japoneses se calientan con vapor.
El té verde cuenta con muy diversas variantes, desde el refrescante Sencha japonés hasta el preciado Dragonwell chino. Sin embargo, todas se caracterizan por su frescura en boca, su aroma a hierba recién cortada y su incomparable color jade.
Oolong
Esta variedad se procesa en distintos grados: las hojas menos fermentadas conservan su color verde, mientras que las más fermentadas alcanzan los tonos rojizos. Los más famosos varietales provienen de China y Taiwán, aunque también se cultiva y procesa en la India, en la región de Darjeeling a las faldas del Himalaya.
Al tener contacto con el agua, el té oolong toma un color ambarino, en la taza su rango de aromas es muy amplio, resaltando las notas a flores y frutas. De cuerpo consistente, puede conservar su fragancia durante más tiempo que otros tés.
Té negro
En el S. XVI, cuando los barcos que transportaban el té desde Asia hasta Europa tardaban meses en llegar, era usual que las hojas se descompusieran en el trayecto, resultando en un producto imposible de tomar. Fue entonces cuando se inventó el té negro: hojas que se dejan oxidar para preservarlas durante más tiempo.
Entre mayor es el proceso de oxidación del té, más intensos serán su sabor y aroma. En boca se percibe su gran cuerpo, sus aromas lo hacen ideal para combinarse con leche y azúcar.
Pu-erh
Originaria de China, esta variedad puede añejarse durante años. De manera similar que algunos vinos o coñacs, entre más antigua es más valiosa. En la medicina tradicional se utiliza para mejorar el funcionamiento del aparato digestivo y bajar los niveles de colesterol.
A diferencia del té negro, primero se deja oxidar para después fermentarse mediante la aplicación de bacterias inofensivas, enriqueciendo de esta manera su gama de aromas. Su infusión resulta en un color dorado de sabor profundo y ahumado.

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