jueves, 5 de enero de 2012

Cómo comerse el mundo en un sólo plato

Un sólo plato, doce voluntarios, cientos de historias, miles de posibilidades...

Empezamos el año con el  Proyecto Plato,  una idea que comenzó con la broma de una amiga respecto a todo lo
que llevaba conmigo en la bolsa por mi manía de evitar el uso de desechables.

¿Cuántos desechables podría ahorrar si llevara mi propio plato y vaso? Luego pensé que no era una idea tan absurda, al menos probándola podría comprobar su inutilidad y dejarla de lado. ¿Una semana? ¿Un mes? ¿Un año?... Un mes bastaba para contar cuántos platos y vasos desechables podía ahorrar.  ¿Y por qué no ir más allá? El plato podía ser un elemento para comparar el uso de desechables en otros países,  además de un pretexto para contar historias alrededor del mundo y la vida diaria que se desarrolla en el universo de la comida.





Fui afortunada: cuando propuse el proyecto, la gente aceptó a ayudarme con gusto y entusiasmo. El plato es un símbolo, un gesto pequeñito que puede tocar a mucha gente, a quien nos acompañe a la mesa, a los cocineros y meseros, a los curiosos que pasen frente al puesto callejero de comida y, por supuesto, a quien generosamente nos dé un poquito de su tiempo y nos lea.
También le pusimos una taza y una cuchara...
Espero que el plato viaje y, como buen viajero, cuente historias, historias reales de gente real y barrigas felices.

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