lunes, 9 de julio de 2012

De compras en la feria


Por Luza Alvarado
@luzaenlinea

Lo prometido es deuda. Aquí les traigo el paseo por la feria libre, el mercado itinerante, el tianguis o como quieran llamarlo. Este fin de semana estuvo soleado en Santiago, así que las fotos salieron lindas. A diferencia del sol golpeador de verano, el sol de invierno acaricia de ladito.

Ahí al fondo se ve la cordillera nevada. Acá abajo, el mercado sobre ruedas.



Todos los sábados voy a la feria caminando y paso por aquí. Vivo en la comuna de Ñuñoa, en un barrio muy tranquilo donde la gente duerme hasta tarde el fin de semana. Todo me queda cerca, excepto los bancos, y se puede hacer vida de barrio: hay una tiendita que abre los 365 días del año (ídolos), a tres o cuatro cuadras hay panadería, lavandería, zapatero, sastre, tintorería, comida china, botillería (vinos y licores), gásfiter (plomero), peluquería, supermercado, bencinera (gasolinera), biblioteca, un parque con juegos, un café con vista al parque. Y el sábado: la feria.


Zapallo, para hacer sopaipillas, cazuela, sopa,  pay, risotto... 
A los chilenos les gustan las verduras XL, estas zanahorias son casi tamaño pepino.
Yo siempre escojo las más chiquitas porque tienen más sabor.



Cualquier feria libre que se precie de serlo tiene un puesto de pescados y mariscos.
Este puestito es bastante modesto, pero siempre trae mejillones (choritos) buenos. 


Este pescadero no es mi valedor, pero vende una albacora exquisita.
Don José, la buena onda.

Este se llama pepino, es dulce y parecido al melón.

Este es el famoso cochayuyo, un alga que se recolecta en las costas de Chile y Nueva Zelanda.
Confesión: no la he probado todavía, pero prometo hacerlo para Plate Project.

Chile chileno, que en mi pueblo se llaman chilacas o chiles güeros.
Este ají es muy rico, no pica tanto y tiene mucho sabor fresquito y cítrico.

Familia de repollos elegantes y sonrientes tomando el sol.

Pimiento rojo, verde, amarillo y naranja.
Abajo está el pimiento morrón, más chiquito que sus compadres pero también con más sabor.


Aquí hay trampa: las piñas, chirimoyas y papayitas no son de esta región
ni tampoco de esta temporada. Pero Chile es un país tan largo,
que en el norte (Arica) pueden encontrarse casi todo el año.

Jugo en esferas: naranjas, manzanas, granadas y hasta cocos y kiwis (se colaron en la foto)

Aquí están los kiwis deformes. A mí me parecen hermosos y saben delicioso.
Aunque todavía no sé si son transgénicos o no.
Los famosos pickles. No son picantes y los pepinillos son más bien dulces.
Para mi gusto le falta enjundia al amargor.

Aceitunas enormes y carnosas, para babear en serio y no volver a comer
la minicochinada de aceituna raquítica que venden en lata.



Las papayitas no son más altas que una naranja.
Hay que cocerlas para comérselas.



Parecen guajes pero son zapallitos de fundo (de rancho) y son mis consentidos.
Aquí entendí por qué son tan apreciados, y es que aguantan todo el invierno sin echarse a perder.
Se pueden hacer en sopa, en pan, en pay, en guisos y en dulces. 

Estas alcachofas no están muy buenas, tienen mucha fibra en esta temporada.
Pero de que son fotogénicas, de eso no hay duda.

Este es mi casero (en México sería mi marchante).

Los gatitos vienen en bicicleta a la feria.



Las hierbas en maceta para cultivarlas en la casa. El paico es el primo del epazote.
Todas las demás... bueno, digamos que son mainstream.
Macetas, flores, plantas, arbolitos. A esta casera le compro flores cada sábado.
Las de ahora fueron alhelíes. 
De camino de regreso siempre veo este árbol, es mi favorito pero todavía no sé cómo se llama.
Al fondo está el cafecito del barrio. ¿Y qué tal el azul del cielo austral?



Llegando a la casa corté el morrón para que lo vean por dentro.
Me parece guapísimo. 

Dos tipos de papa, camote, cebolla y ajo.

Así se ve por dentro el zapallo que tiene forma de guaje.
Hay que hervirlo primero. Luego viene la magia.

La berenjena chilena no tiene comparación, es la mejor entre las mejores.
Este es el morrón de cerquita.
Zapallo italiano XL, nada que ver con las calabacitas de mi pueblo:
el sabor es inversamente proporcional al tamaño.  

El plato viajero no salió a pasear el sábado porque, como dije hace unos días, no hay comida callejera en los mercados itinerantes. Pero les voy a juntar varias experiencias de restaurantes en los próximos días. Y algo de terrorismo gastronómico también.


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