miércoles, 26 de enero de 2011

1556 vinos para degustar (y escupir)


Por Gustavo Proal, corresponsal en Europa para Indie Food. 

Montpellier, día 2.

Había que aventurarse a la locura de probar todos los vinos que se pudiera, de preferencia sin tragar, porque tragando, apenas se llega a la segunda mesa con vida.



Se desplegaron 1556 vinos (los conté… o contaré en mis sueños, después de semejante sobredosis) de la región Languedoc-Roussillon que ahora se encuentra en buena parte bajo el Sello Sud de France, marca creada por las autoridades de la región con el fin de promover la comercialización local, nacional e internacional de su producción. Tinto, blanco, espumoso, rosado, dulce... las botellas se extendían en un mar de posibilidades para todos los gustos. 

No me detendré en detalles de cuerpo, notas, acidez y otras particularidades de la cultura del vino, porque eso le corresponde a quien sabe y, por mi parte, todavía no asimilo lo vivido. Mi novato paladar le pidió a mi saturado olfato que le dijera a mi confundida mente que parara en el vino no.34, mientras quienes saben su trabajo continuaban diligentes en sus empresas; porque importa lo que importan, resultaba importantísimo seguir adelante. En el mundo de los importadores, los criterios son tan variados como las necesidades, posibilidades y experiencias de quienes van en busca de un buen producto, o en el mejor de los casos, una sorpresa, un milagro de calidad y grandeza, un elefante blanco seductor, aromático, con sabores frutales y con un maridaje cultural perfecto. 

En medio de esta vorágine y escupitajos refinados (tiene su ciencia), Peter, un importador irlandés, me recuerda que detrás de todo este despliegue hay manos granjeras y obreras, más allá del refinamiento y de toda pretensión, “El vino o te gusta o no, ya después distingues si está o no bien producido, si cumple o no con tal o cuál requisito”, dice, con una firme mirada y una cálida sonrisa. 

Tercer Foro Internacional de Negocios Sud de France.


Pasó mucho más, probé mucho más; hubo buen jazz, canapés, paté, café y crème brûlée pero iré dosificando la información conforme la asimile. Por el momento, baste decir que hoy he aprendido más sobre las personas detrás de la cultura del vino; desde todas latitudes, los importadores piensan en su consumidor y en lograr el mejor trato posible; quienes producen buscan dar a conocer el producto de su esfuerzo, investigación y experiencia; quienes organizan buscan sobrevivir al día sin perder nunca la sonrisa y una excelente actitud; quienes nos alimentan buscan engordarme. Y todos, ya sea someramente o en absoluta entrega, forman parte de un estilo de vida, un engranaje que se lubrica con la historia, costumbres, procesos y minucias de este arte tan añejo como adherente. Hoy hizo un buen día.

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