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jueves, 5 de julio de 2012

El mercado de Halifax (o el Tlatelolco canadiense)


El mercado de Halifax, en la capital canadiense del arándano, demuestra que se puede nadar
contra la corriente del comercio masivo y despersonalizado. Ubicado en una antigua fábrica
de cerveza, reúne a productores y consumidores locales que buscan buenos precios y,
sobre todo, sabores auténticos de Canadá y el mundo: vino de arándano, chocolate de Ecuador,
embutidos del viejo y del nuevo mundo...
Vaya, hasta comida orgánica para mascotas.

¡Llévelo, llévelo!

lunes, 7 de mayo de 2012

El tabú del mono

Por Luza Alvarado

En el mercado de Kinshasa es común encontrar sobre las mesas monos ahumados con el rostro contorsionado por el efecto del fuego. Las mujeres explican a los turistas cómo prepararlos: hay que destriparlos primero, luego se coloca sobre las brasas para ahumarlo, pero toma unos dos días. Puede servirse en caldo o como plato fuerte, con tomate y una salsa de ajo sobre una cama de arroz. Sólo los turistas más osados ceden a la tentación de probarlo.



El consumo de carne de mono en África, Asia y América, es un hecho muy antiguo que, sin embargo, se mantuvo restringido a rituales y ceremonias religiosas por dos razones: particularmente en África existía la facilidad de conseguir otros tipos de carne (antílope, gacela, etc.). El otro motivo es más bien psicológico: la semejanza –la cercanía genética y etológica– entre el hombre y los primates hace pensar en el canibalismo, un acto condenado por la mayoría de las culturas.

Más allá del tabú, nunca antes el consumo de primates había representado tantos peligros a nivel ecológico. Además de tratarse de especies protegidas, su carne encierra un problema de salud pública: al ser ilegal, no está sometida a ningún control sanitario. Hoy se sabe que algunos primates son portadores de enfermedades como el ébola y otros brotes epidémicos aún sin clasificar. Sin embargo, ante la situación de carestía, los africanos están dispuestos a correr el riesgo.

Pero no todo está perdido. Asociaciones como Bushmeat Project y Biosynergia impulsan la protección de las especies a través de medios audiovisuales en las escuelas del continente africano. Gracias a estas campañas, los niños y jóvenes se alejan de la cacería y el consumo mientras instan a sus padres a contribuir a la conservación.

Indie Food Project

martes, 7 de junio de 2011

Los años 1950 y los supermercados


Por Luza Alvarado

...Sin embargo, los supermercados no han logrado modificar de raíz los hábitos de consumo tradicionales...



El primer supermercado en México, Aurrerá, abrió sus puertas en 1958. A pesar del éxito, las condiciones para la proliferación de estos centros de abasto no se dieron sino hasta fines de la década de 1960, principalmente debido a dos factores tecnológicos: el automóvil, que permitiría transportar mayor cantidad de productos a casa, y el refrigerador, que favorecería el almacenamiento de los mismos durante más tiempo. Hoy en día, estas mismas razones han hecho que los principales consumidores que acuden a los supermercados sean familias de clase media y alta.

Las ventajas que ofrecen los supermercados son muchas. Gracias a los sistemas de transporte y distribución, hoy podemos encontrar en los anaqueles productos de casi todo el mundo: especias, bebidas, conservas y hasta frutas o verduras que nuestros antepasados sólo conocieron de oídas, en viajes a ultramar o en los libros. El orden, la limpieza, los horarios extendidos –supermercados abiertos 24 horas– y la garantía del abasto son cuatro de los factores que colocan a los autoservicios por encima de los mercados tradicionales.


Sin embargo, los supermercados no han logrado modificar de raíz los hábitos de consumo tradicionales. Tan es así que para poder competir con los mercados de barrio, las cadenas de supermercados han impulsado el establecimiento de locales con servicios, productos y oficios tradicionales, como zapateros, cerrajeros, heladerías, joyerías, papelerías, mercerías y hasta ópticas en la periferia o al interior de sus instalaciones.

Aún queda en el aire una pregunta: ¿los mercados y tianguis tradicionales están destinados a desaparecer? Especialistas de la economía y la antropología no arriesgan un sí definitivo, pues ante la tendencia de sustentabilidad alimentaria, los mercados tradicionales han ganado nuevos adeptos. Por otra parte, los mercados locales logran cubrir una necesidad básica de socialización e intercambio cultural que se encuentra diluida en otras formas más impersonales de comercio.