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viernes, 13 de julio de 2012

El buen café –o la reconstrucción de la sensualidad– en Chile

Por Luza Alvarado
@luzaenlinea
Un buen café le arregla el humor a cualquiera. 

No es ninguna novedad que en Chile no haya buen café. La situación se entiende porque no es un país cafetalero. Lo que no tiene justificación es que haya gente que pasó del nescafé al starbucks, sin escalas, y que de un día para el otro se declaren catadores y hagan ojos de huevo cocido porque "el café de Starbucks es atroz, weón". 

Por lo menos en Santiago, hay tres opciones de café más o menos decente: 
1. café Haití y Luccafé, que saben a borraja vieja y requemada, que tienen que tomarse con leche y azúcar para poder "pasar piola". 
2. las mezclas italianas (segafredo, illy, lavazza), que además de mentir sobre su origen y especular con el precio del café en la bolsa, compran sus granos en el tercer mundo a precio de nada y revenden a precio de oro. 
3. las maquinitas Nespresso/Dolcegusto/You-name-it, que no saben mal, pero cada capsulita es un desechable más para engrosar la lista de huella de carbono que deja el esnobismo. Pero eso sí, vamos todos a marchar por una Patagonia sin represas.


Compagnia dell'arabica, café con ética.
Si uno quiere tomar buen café en este lado del mundo, no queda más que pedir a los viajeros que lo traigan de Venezuela o de Colombia, que lo compren en algún cafetín de Buenos Aires cuando van para allá a comprar libros, o traerse un par de kilos en la maleta y saber que si no se toma pronto, se hará viejo. 

Por eso, cuando uno va a cuicolandia (el barrio de los cuicos, los millonarios) y se encuentra un pedazo de paraíso en una cajita, se limpia las lágrimas y paga feliz lo que haya que pagar. El buen café no es barato, tampoco el café de comercio justo y menos el que no miente sobre su origen y torrefacción. Pero yo lo pago, porque es lo que hay, porque la vida es muy corta y me quiero lo suficiente como para no andar tomando porquerías.

El problema del café en Chile es un buen motivo para exponer otra anécdota de "terrorismo gastronómico", que no es otra cosa que hacer visibles los derechos que el sistema político y la industria alimentaria nos han expropiado sin que digamos pío. 

Suelo hacer terrorismo gastronómico de forma más o menos cordial. Sin embargo el otro día, gracias a Claudia, una chica valiente de Venezuela (avecindada hace 16 años en Chile), la intervención dio lugar a una discusión* frontal con una banda de sociólogos chilenos.  

El argumento de Claudia era que, en general, en las bases de la comida chilena del día a día hay una falta de amor. Amor se traduce en el tiempo y la dedicación que uno le pone a un platillo: "un chileno es capaz de hacer una olla de lentejas sin aliño y comer lo mismo toda la semana", decía ella. Los sociólogos decían que eso no era verdad, que ellos eran capaces de atravesar el país en busca del tomate perfecto para comérselo así, "PURO", sin sal. Concuerdo con ellos en que los productos chilenos son de primerísima calidad, pero eso es algo que hacen los agricultores en mancuerna con la naturaleza. Y eso es solo una parte de la gastronomía. Hay que decirlo: no se puede comer sobre una mesa de dos patas. A mi parecer, la mentalidad que sostiene la "pureza" del producto por encima de la preparación, la convivencia o la sensualidad, es lo que ha hecho que en materia gastronómica Chile siga siendo un país proveedor de materia prima (salmón, productos del mar, vino, frutas, vegetales). A pesar de los esfuerzos de cocineros, comensales y periodistas –me consta que no descansan en su labor–, la buena comida, sea tradicional o de vanguardia, no logra integrarse al día a día, porque no es fácil luchar contra la "pureza" de la idiosincrasia. 

Esta pureza se ha naturalizado en le pensamiento a través del valor de la austeridad, austeridad en las costumbres, en los modos, en la presencia y la dinámica de los cuerpos; austeridad en la calle, en la pista de baile, en la cama y en la mesa. La austeridad es genial en muchos sentidos, pero cuando se vuelve un rasgo dominante, paraliza.

¿Ejemplos? Curiosamente, la comida más popular (el completo o hot dog) se come con las manos, pero la pizza y el sandwich se comen con cubiertos, el sushi siempre con palillos. En la mesa nadie osa atravesar un tenedor para probar el platillo del otro. La gente llega a las reuniones y se sienta a esperar que alguien le sirva, los platos salen listos desde la cocina. Es raro que se pongan las ollas o las fuentes de comida al centro de la mesa para que la gente atraviese el brazo, se pare o haga circular los platos. Es rarísimo que alguien tome con su mano un trozo de comida de su plato y se lo dé a su vecino en la boca. Es extraño que alguien se chupe los dedos. Quizás por eso el asado es tan apreciado, porque ahí la austeridad no importa, porque se trata de comer y gozar sin jerarquías.

Lo que para Claudia es falta de amor, en mi lectura aparece como una falta de sensualidad. Hay una distancia estática entre el platillo y el cuerpo; los comensales, casi inmóviles y silenciosos, parecen decir "mi cuerpo no está aquí", o sí, pero no me permito mostrar mi sensualidad porque sería un desbordamiento, un exceso que contraviene el valor fundamental de la identidad. Hablar de sensualidad en Chile es hablar también de las secuelas que deja en el cuerpo una dictadura militar. Foucault lo dijo en otro sentido, pero me parece importante hacer el puente: si el poder se ejerce sobre los cuerpos, la microfísica de un poder violento también se vive profundamente en el acto de comer. 

Si algo parece haber muerto con la dictadura es la imaginación culinaria unida a la sensualidad de los sobrevivientes. Y digo parece porque veo que la figura de los gozadores está resurgiendo con fuerza. Un gozador es alguien que demuestra su placer en la vida y en la mesa –independientemente de la complejidad del platillo o el contexto–, usualmente se rodea de otros gozadores con los que puede desplegar su sensualidad sin sentir culpa por traicionar los valores patrios. Digamos que el círculo de los gozadores es una pequeña isla móvil en la que concurren libremente los cuerpos y los sentidos. Los gozadores ya no son los sobrevivientes que se refugian en la pureza de un producto o en la austeridad de los hábitos. Los gozadores piensan y sienten distinto, no tienen miedo de contaminarse, imaginan, buscan los ingredientes de los pueblos originarios y los mezclan con productos y técnicas de otras cocinas. Y sí, los gozadores también se quejan de que no haya buen café en Chile y cuando van a cuicolandia aprovechan para comprarlo. Porque reconstruir la sensualidad no es fácil ni barato, pero hay que invertir en el presente y disfrutar en el proceso. 

* OJO: la lectura que hago de la sensualidad y la cultura gastronómica es sólo un punto de vista que, como todos, es parcial, cuestionable, abierto, incompleto y jamás definitivo. 



lunes, 9 de julio de 2012

De compras en la feria


Por Luza Alvarado
@luzaenlinea

Lo prometido es deuda. Aquí les traigo el paseo por la feria libre, el mercado itinerante, el tianguis o como quieran llamarlo. Este fin de semana estuvo soleado en Santiago, así que las fotos salieron lindas. A diferencia del sol golpeador de verano, el sol de invierno acaricia de ladito.

Ahí al fondo se ve la cordillera nevada. Acá abajo, el mercado sobre ruedas.



Todos los sábados voy a la feria caminando y paso por aquí. Vivo en la comuna de Ñuñoa, en un barrio muy tranquilo donde la gente duerme hasta tarde el fin de semana. Todo me queda cerca, excepto los bancos, y se puede hacer vida de barrio: hay una tiendita que abre los 365 días del año (ídolos), a tres o cuatro cuadras hay panadería, lavandería, zapatero, sastre, tintorería, comida china, botillería (vinos y licores), gásfiter (plomero), peluquería, supermercado, bencinera (gasolinera), biblioteca, un parque con juegos, un café con vista al parque. Y el sábado: la feria.


Zapallo, para hacer sopaipillas, cazuela, sopa,  pay, risotto... 
A los chilenos les gustan las verduras XL, estas zanahorias son casi tamaño pepino.
Yo siempre escojo las más chiquitas porque tienen más sabor.



Cualquier feria libre que se precie de serlo tiene un puesto de pescados y mariscos.
Este puestito es bastante modesto, pero siempre trae mejillones (choritos) buenos. 


Este pescadero no es mi valedor, pero vende una albacora exquisita.
Don José, la buena onda.

Este se llama pepino, es dulce y parecido al melón.

Este es el famoso cochayuyo, un alga que se recolecta en las costas de Chile y Nueva Zelanda.
Confesión: no la he probado todavía, pero prometo hacerlo para Plate Project.

Chile chileno, que en mi pueblo se llaman chilacas o chiles güeros.
Este ají es muy rico, no pica tanto y tiene mucho sabor fresquito y cítrico.

Familia de repollos elegantes y sonrientes tomando el sol.

Pimiento rojo, verde, amarillo y naranja.
Abajo está el pimiento morrón, más chiquito que sus compadres pero también con más sabor.


Aquí hay trampa: las piñas, chirimoyas y papayitas no son de esta región
ni tampoco de esta temporada. Pero Chile es un país tan largo,
que en el norte (Arica) pueden encontrarse casi todo el año.

Jugo en esferas: naranjas, manzanas, granadas y hasta cocos y kiwis (se colaron en la foto)

Aquí están los kiwis deformes. A mí me parecen hermosos y saben delicioso.
Aunque todavía no sé si son transgénicos o no.
Los famosos pickles. No son picantes y los pepinillos son más bien dulces.
Para mi gusto le falta enjundia al amargor.

Aceitunas enormes y carnosas, para babear en serio y no volver a comer
la minicochinada de aceituna raquítica que venden en lata.



Las papayitas no son más altas que una naranja.
Hay que cocerlas para comérselas.



Parecen guajes pero son zapallitos de fundo (de rancho) y son mis consentidos.
Aquí entendí por qué son tan apreciados, y es que aguantan todo el invierno sin echarse a perder.
Se pueden hacer en sopa, en pan, en pay, en guisos y en dulces. 

Estas alcachofas no están muy buenas, tienen mucha fibra en esta temporada.
Pero de que son fotogénicas, de eso no hay duda.

Este es mi casero (en México sería mi marchante).

Los gatitos vienen en bicicleta a la feria.



Las hierbas en maceta para cultivarlas en la casa. El paico es el primo del epazote.
Todas las demás... bueno, digamos que son mainstream.
Macetas, flores, plantas, arbolitos. A esta casera le compro flores cada sábado.
Las de ahora fueron alhelíes. 
De camino de regreso siempre veo este árbol, es mi favorito pero todavía no sé cómo se llama.
Al fondo está el cafecito del barrio. ¿Y qué tal el azul del cielo austral?



Llegando a la casa corté el morrón para que lo vean por dentro.
Me parece guapísimo. 

Dos tipos de papa, camote, cebolla y ajo.

Así se ve por dentro el zapallo que tiene forma de guaje.
Hay que hervirlo primero. Luego viene la magia.

La berenjena chilena no tiene comparación, es la mejor entre las mejores.
Este es el morrón de cerquita.
Zapallo italiano XL, nada que ver con las calabacitas de mi pueblo:
el sabor es inversamente proporcional al tamaño.  

El plato viajero no salió a pasear el sábado porque, como dije hace unos días, no hay comida callejera en los mercados itinerantes. Pero les voy a juntar varias experiencias de restaurantes en los próximos días. Y algo de terrorismo gastronómico también.


jueves, 5 de julio de 2012

Calientito el motemei

Por Luza Alvarado 
Twitter: @luzaenlinea





"Calentiiitooo el motemeeeiii. Lleve motemeiii, motemeiii calentitoooo". 

Escuché el canto a lo lejos y me saltó el corazón. Era el pregonero, el vendedor de motemei. Pensé que no lo volvería a ver porque me había cambiado de casa, pero no contaba con que mi nueva ubicación estaría en su ruta. 

Ha hecho tanto frío que las ventanas están empañadas y es imposible ver hacia afuera. Igual que en los días de lluvia que a uno se le pasa la parada del camión porque desde adentro no se ven más que esferitas borrosas. Abrí la ventana de la sala y me empiné para aguzar el oído. Venía hacia acá. A lo lejos pude distinguir el farolito que lleva colgado en uno de los extremos de la bicicleta. Un farolito con una vela que hoy, con la iluminación de la ciudad, se ha convertido en una metáfora del oficio: un destello que se aferra a morir en el olvido.

Corrí a ponerme el abrigo y las botas. Deprisa, que no fuera a seguir de largo. Una bota, la otra, las llaves. Pasó justo frente a mi ventana. Casi me caigo pero alcancé a asomarme: ¡Señor, espere, ahorita bajo!

Era un milagro. Este vendedor pregonero es uno de los últimos que quedan en Santiago, y parece que también en Valparaíso el oficio ha sido desplazado por las ofertas globalizantes (sushi, pizza, fajitas...). Es un milagro pero también es una pena, porque el maíz que se usa para el motemei es una de las pocas variedades no transgénicas en Chile. Una vez más me lamento por la indiferencia, porque el destino de las semillas originarias está tejido a los oficios tradicionales y a la memoria de los pueblos. 

Mientras bajaba las escaleras a saltos, el canto del pregonero lanzó mi espíritu hasta la ciudad de México. noche de octubre, colonia Roma, vendedor de camotes. El silbato y luego el pregón: ¡Camoteeees, camoteeees! La "e" bien apretada en la garganta, queriendo salirse por la nariz en forma de "i". Otro salto. Mi memoria sonora recorre las inflexiones en las voces de los antiguos pregoneros chilenos: mote de maíz - mote 'e maí - mote maí - mote meí - motemei.  Sorpresa.

Abro la puerta y como un abrazo me envuelve el aroma. Maíz hervido en lejía con fuego de carbón. Maíz ahumado, viento frío. ¿Dónde estoy? Estoy en el mercado de Pátzcuaro a fines de enero, a eso de las 8 de la mañana. El atole de guayaba y las corundas se calientan en un enorme comal. Estoy en Cholula, frente a un puesto de quesadillas a las seis de la tarde, la masa transformándose en tortillas, la marchanta soplándole al anafre, que saca chispas. Estoy en Tlaquepaque, en una antojería, comiéndome un plato de pozole con rábano, bien picosito. Estoy en Santiago de Chile, en invierno, afuera del edificio donde vivo, frente al vendedor de motemei.

–¡Qué suerte tengo! Yo vivía por allá por Bilbao y pensé que ya no lo iba a volver a ver. 
– Ah, sí, usted es la que hacía tortillas con mote –el señor sonrió con toda la cara, le seguían faltando los mismo dientes y se acordaba de mí–. Ahora pasé tarde, sí, pero voy a estar pasando más temprano –movió los plásticos y sacó dos bolsas de medio kilo.
– ¿A cómo son?
– A luca el medio. 
– Deme los dos. 

Nos despedimos felices, quizás yo más que él. Su pregón se perdió al final de la calle mientras yo abría la bolsita en la cocina. Estaba calientito, fresco, tierno. Todos mis sentidos se concentraron en el sabor de la tierra ahumada, húmeda y tibia, todo a la vez. No dejo de repetírmelo: qué suerte tengo.

Los chilenos lo comen calientito con miel o en ensalada, acompañado de pebre o garbanzo. Pero a este mote yo le veo cara de pozole y de gorditas de frijol. Seguro me alcanza con lo que tengo. Y si se acaba, no importa. La semana próxima compro tres paquetes, así puedo invitar a mi gente y que cada quien prepare su versión. 

Acá les dejo el canto del vendedor de motemei. Es el vendedor de Valparaíso. Escúchenlo, es un tesoro. "Calentito el motemei, pela'o el medio".

domingo, 1 de julio de 2012

Plate Project en Chile

Hoy empiezo mis 31 días como embajadora de Plate Project. Me llamo Luza, vivo en Santiago de Chile, soy mexicana, estudio un posgrado en literatura. Soy escritora, lectora, cocinera y danzante apasionada. Tengo una loca afición por los mercados, fijos e itinerantes, porque mi alma urbana melancólica del campo encuentra en esa experiencia una ventana a los ciclos. Cada sábado, llueva, truene o relampaguee, voy por mi dosis de Tierra al mercado itinerante (tianguis, feria) que se pone a seis cuadras de mi casa. Es un mercado pequeño pero hermoso, donde he descubierto productos que muchos chilenos ignoran. Ya les presentaré los de esta temporada. Y agárrense: habrá un par de capítulos dedicados a los productos del mar. 


Santiago de Chile en invierno.
Como les contaba, la mayor parte del día me la paso entre leer y escribir, eso me da la enorme ventaja de poder cocinar y comer en casa. Lo digo sin reservas: el mejor lugar para comer en Santiago es mi casa, cuando mejor significa: barato, variado, colorido, equilibrado, hecho con cariño, mezcla de productos locales con ingredientes viajeros, vegetariano delicioso rayando en lo exótico. Lugares así en Santiago... uf... me sobran dedos para contarlos. Pero haré lo imposible por traérselos aquí. También les voy a compartir lo que viene siendo "el patache", o sea, la comilona al puro chilean estáil, igual que las picadas, los restaurantes, el asado y los platillos del invierno, que a mi parecer son los más ricos. 

Sepan ustedes que Santiago es una ciudad donde no hay comida callejera. O donde la comida callejera se reduce a experiencias tránsfugas, por no decir tristes. O donde hay que ir a buscar los dos puestos rescatables de comida callejera a barrios populares específicos, sólo en fin de semana. Eso sí, son para babear sin control. Bueno, y si no hay comida callejera, ¿dónde están los desechables en este país?  Sobre todo están en los empaques de comida del supermercado, en la comida para llevar y en las fiestas populares. Con eso los chilenos tienen para cubrir una elevada cuota de contaminantes. También trataré de mostrarles cómo es que esto ocurre. 


Anticucho dieciochero: brocheta de carne, protagonista de la fiesta de independencia,
celebrada el 18 de septiembre.
Atrás: vino pipeño con helado de piña,  mejor conocido como terremoto.
Todo servido en material desechable...

Adviértoles: mis experiencias culinarias no representan el habitus chileno, pero eso no quita que sea una observadora respetuosa y siempre dispuesta a compartir la cultura gastronómica de los lugareños. Así que este mes, Plate Project será un cruce entre México y Chile. Y todo lo que quepa entremedio, como dicen por acá.


Pizarra a la salida de un cafecito en el pueblo de Pisco,
Valle del Elqui.





viernes, 22 de junio de 2012

Justice Now!



The march for justice for Li WangYang 


Pure veg on the Plate


It's pure VEG on the plate. All from soy, although we call them barbecued pork (the red cubes on the bottom right), roasted goose (the slight fried texture) and curry (yellowish thing on the left)..... Delicioso.

It's a good time to eat Veg when you are in condolence of a deceased.

Soy sauce duck kindey

Soy sauce duck kidney ate in the midst of a protest for the suspected murder of activists LiWangyang in China. Li is a prisoner due to his participation in the 1989 Tienanmen Sq Massacre and was tortured badly. After his release, he did an interview with a HK media and stated his famous quote: even if I had to lose my head I would fight for the democratization in China,which is believed to have caused his death. It was so unjust that he was 'made to look like committing suicide by hanging himself'!! (and he became blind and handicapped from the torture).

Hong Kong is politically stuck and is 'acclaimed' as the City of Protest. I am proud we are a city of conscience. 

Please join this Petition for Justice to Li.

More about the round the world Plate Project.

Twitter #plateproject 

viernes, 15 de junio de 2012

Panadería en Montreal





Kouign Amann, una de mis panaderías favoritas en Montreal  -¡Y hay un buen número de panaderías!- sirve panes franceses en canastas, envueltos en papel encerado. No hay unicel en este lugarcito lleno del más irresistible aroma a mantequilla... pero igualmente mi pastel de frangipane (almendras) con moras y pistaches estuvo tan celestial como de costumbre en mi plato de peltre. 


Pan de frangipane

jueves, 14 de junio de 2012

I Need Chopsticks!

By Dora Choi


So, other than a bowl, I need a pair of chopsticks! To save cleaning efforts, or maybe they think this is more hygienic, many food stalls nowadays use disposable chopsticks and plastic spoons even if you eat IN. 



Shanghai bun fried and pork dumpling fried. My snack for today.


Sigh.... we need something like this:

Knife & Fork Chopsticks



lunes, 11 de junio de 2012

Plate Project in Hong Kong

First thing the plate ate in Hong Kong: a green tea cheesecake at a tea shop with a cool mint roselle drink at Teakha.



*Dora Choi is traveling with the Plate in this fast Asian city. 

lunes, 28 de mayo de 2012

Plate in the South Pacific

By Fenton Lutunatabua


Sunset in Suva

Being the plate project ambassador in Fiji has definitely been a lot different than what I expected. I completely agree with what’s at the heart of the Plate Project. To get people to move away from using so many disposables, so before I mention anything else in this blog, I would like to commend the work of all the ambassadors before me, the future ambassadors and especially everyone that is inspired by this project to change their habits and be pro- reusable’s.


The most obvious thing I have noticed since being part of this project was that, Fiji, fortunately for now, hardly uses disposables. The only time disposable packaging is used is in the case of getting take away and sometimes at workshops. Other than that, we always use recyclables.Nevertheless, the reason my interest for this project has been maintained, is because I get to use the Plate Project and get to tell inquisitive on lookers about why im doing so.The other thing I like about this project is that it gives me the opportunity to talk about the local food culture. With that said, I have prepared my favorite local sea food dishes with the hopes that you, can prepare food the same way we do here in Fiji.

domingo, 29 de abril de 2012

Londres en un plato

Por Alex Marin

El plato con mi desayuno
Ya sé, ya sé— Dirán ¿Porqué Esewey ya no dijo nada del plato? Para ser honestos me cayó una tormenta de situaciones inesperadas y tuve que chambear horas extra, pero aún así el plato estuvo ahí.

Para empezar les cuento que andar cargando el plato se convirtió como esos proyectos donde a los adolescentes les dan un bebé de plástico y lo tienen que cuidar para todos lados, sin embargo ha sido una experiencia muy interesante. Sobre todo ver la reacción de la banda.


Vivo en una región bastante "guerrera" de Londres, el barrio de Clapton en Hackney. Sin embargo como parte de los preparativos para los olímpicos la zona ha sido objeto de una gentrificación bastante intensa por lo que, desde Shoreditch hasta Clapton se ha llenado de hipsters, artistas, cuida-planetas... Como uno pues. Así que en general la actitud de reciclar sin parar se ha vuelto popular por acá.

Lo que sí, debo aceptar es un poco complicado es la lavada, cuando la gente me ve caminar al baño con mis cubiertos no sabe que pensar. JE.Viajamos localmente a varias partes. Stratford Upon-Avon, Cambridge... y ahí va el plato.


Echando la KIMCHI BURGER en el mercadito de Chatsworth Road
Generalmente se piensa que en Londres la comida apesta. Y es cierto. No, la realidad es que la oferta de comida es ilimitada. Hay gente de tantas naciones que por ofertas y sabores no paramos. Curry, pasta, caribeño, chino, japonés... ¿Qué quieren? Es más, los ingleses comen más picante que muchos mexicanos por influencia de India. Para los que no lo sabían los Indios (No todos son hindúes) comen mucho más picante que los mexicanos.

Visitamos con el plato el mercado de Chatsworth. Londres está muy orgulloso de sus mercados. Desde su fresísima Notting Hill, el más antiguo Borough Market y los que comienzan como el de Chatsworth donde probamos unas hamburguesas con KIMCHI que es una especie de ensalada koreana picante con col y vegetales. Si quieren saber más pregúntenle a Danny @kimchicult.


Tomando el té, muy inglés @esewey
En este trabajo periodístico la cosa también es buscar lugares inspiradores. Así que en una de esas nos movimos hacia Hamsptead Heath y descubrimos el magdala. Es una especie de cabañita muy inglesa donde puedes sentarte a leer, escribir, echar un vinito y si quieres comer también pero como excede un poco el presupuesto nos limitamos a tomar el té en la tasita del #plateproject por supuesto. Los viernes hace show de comedia con comediantes variados como Sara Pascoe (IT Crowd) y demás personajes de "la onda de la comedia".

Como que ahí no entendieron muy bien el concepto pero igual nos trataron bien. Debo confesar que tomar bebidas calientes se complica por el material pero después de la primera quemada ya lo demás es lo de menos. Con todos los tés y cafés que me he tomado ahí fácilmente se han ahorrado como 50 desechables.

El Reino Unido es de esos países donde TODO te lo empacan.En el súper te venden hasta las frutas en su empaque y después de que llevas tus viandas en empaque individual, por supuesto que te dan OTRA bolsa de plástico para que no te vayas sin hacer publicidad a la calle.

Por ejemplo Wasabi, un restaurante de sushi en formato "comida rápida" vende cada rollito ¡¡¡En su bolsita!!! O sea que después de echarte tu sushi terminas como con una tolnelada de celofán en tu charola. lo que es cierto es que por lo menos en Hackney hay un sistema de reciclado muy eficiente. Cuando notificas a la "delegación"que te mudaste te llevan a tu casa un contenedor de plástico, reciclado por supuesto, donde a lo largo de la semana vas poniendo todo lo reciclable: Vidrio, plástico, cartón, etc.

Los viernes cuando pasa el camión de la basura lo separan por categorías y lo dejan ordenado en la banqueta. Unas horas después pasa otro camión con contenedores separados, se lleva lo reciclable y te dejan tu contenedor para que lo llenes la siguiente semana. Pero bueno, no nos desviemos del tema.


El plato de #plateproject en la rosticería de Harrod's
Uno de los episodios más bizarros fue llevar el plato a Harrod's, la tienda de el fallecido Dodi Al Fayed. Créanme este plato no visitará rosticería mas mamona que esta. En la planta baja hay una especie de mercadito. De verdad es como el mercado de la calle de Campeche pero SUPER MEGA mamón. En una esquina está la rosticería donde sirven un baby chicken exquisito. Hay cola para sentarse en la barra y eventualmente llegan dos que tres choferes a recoger órdenes de alguna celebridad o algún jeque árabe de Kensington. Lo sé porque en la calle de atrás siempre está lleno de Bentleys, Lamborhinis, McLarens y demás.
Por lo pronto me despido y para cuando termine mi mes con el #plateproject, les estoy preparando un vídeo con las experiencias en un divertido formato musical.

En la próxima entrega: El mercado de flores de Columbia Road y un platillo emblemático de Londres EL KEBAB. Así que sigan pendientes, escuchen EL WESO y sigan visitando esewey.com y leyele.net porque estamos haciendo muchas cosas más por acá en Londres.

Cheers!

Indie Food Project #Plateproject